La inteligencia y la educación emocional



Siempre nos han dicho que el cociente intelectual es el gran indicador para saber si una persona va a tener éxito en su vida. Se presuponía que si un niño u adolescente tenía excelentes resultados académicos, tendría una vida exitosa y una gran carrera profesional.


Pero ¿es esto realmente así?


Con los años y a través de diferentes investigaciones se ha ido demostrando que no existe una única inteligencia. Como propuso Gardner en su teoría de las inteligencias múltiples, existen ocho tipos distintos de inteligencias: lingüística, musical, lógica-matemática, espacial, cinética-corporal, intrapersonal, interpersonal y naturalista. Por tanto cada persona puede tener una de estas inteligencias muy desarrollada pero otra de ellas no tanto. Por ejemplo, Beethoven tenía una gran habilidad musical frente a Michael Jordan que tiene muy desarrollada su inteligencia cinética-corporal o Velázquez que poseía una gran habilidad espacial frente a Cervantes que destacaba en su inteligencia lingüística. Todos ellos son brillantes en un tipo de inteligencia, pero no quiere decir que en el resto de inteligencias también lo sean.


Pero la pregunta importante es ¿ser excelente en un tipo de inteligencia es suficiente para progresar en la vida? La respuesta es, probablemente no. Definamos la inteligencia emocional para poder clarificar esta cuestión.


Gardner no habla específicamente de la inteligencia emocional pero sí define la intrapersonal e interpersonal refiriéndose a la anterior. La inteligencia intrapersonal es la capacidad de reconocer y regular nuestras propias emociones. Por ejemplo, si discutimos con un compañero de trabajo y sentimos ira y frustración, pero después tenemos una conferencia importante, debemos ser capaces de gestionar y canalizar nuestras emociones, ya que si no lo hacemos probablemente no tendremos éxito. Por otro lado, define la inteligencia interpersonal que es la habilidad de detectar y comprender lo que le pasa al otro. Si nuestra pareja está distante y con un rostro serio y somos capaces de comprender qué está sucediendo, seremos más habilidosos a la hora de gestionar la situación.


Debemos tener claro que en cada comportamiento hay una emoción implicada, por tanto la inteligencia emocional es clave para triunfar y enfrentarnos a la vida, no solo ser brillante en un tipo de inteligencia nos ayudará. Por este motivo consideramos la gran importancia de la educación emocional en los niños, un proceso educativo continuo en el que se desarrollan los componentes emocionales para que se enfrenten de forma exitosa a la vida y de esta forma mejore su bienestar emocional y social.


Nuestras emociones se pueden entrenar. Por ejemplo, podemos preparar a los niños para saber cómo enfrentarse a la ira. Algunos cuando sienten ira o están enfadados pueden gritar, patalear, insultar, lanzar cosas… pero podemos enseñarles que existen otro tipo de conductas para canalizar sus emociones de forma positiva y que harán sentir mejor a sus padres, amigos, profesores y a ellos mismos. Los podemos entrenar en respiración profunda para serenarse, decirles que pinten o escuchen música… Si los educamos emocionalmente, contarán con una buena inteligencia emocional, sabrán enfrontarse a la vida de forma positiva y será más probable que lo hagan con éxito.

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